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Reseña: La última jugada
Autor:- Fernando Trujillo Sanz
Tipo:- Thriller / Suspenso / Historia corta
"Cuatro jugadores han sido convocados a una partida de póquer nada habitual. Cuatro completos desconocidos se enfrentarán y jugarán sus bazas para ganar lo único que les une y que no pueden compartir.
Ellos han aceptado participar para tener una oportunidad, tan decisiva como peligrosa, en la que lo único importante es vencer.
Son tres hombres y una mujer muy diferentes, cada uno con su propia estrategia, vigilados por una anfitriona que es mucho más de lo que parece. Que empiece el juego."
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Demencia
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En blanco
Llegué a un punto en que sabía que
necesitaba cambiar algo. Llegué a un punto en que me empecé a cuestionar
absolutamente todo. Empecé a odiar mi vida. Pero no es que envidiase o amase la
vida de alguien más, yo odiaba la vida de todos. Odiaba la razón de la vida y
sobre todo el final. En síntesis, odiaba TODO.
Empecé a
cuestionarme por qué vivimos… por qué nacemos… ¿vale la pena? Y decidí que
necesitaba un motivo por el cual seguir… o una excusa por la cuál no seguir
viviendo.
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Duces sueños
¿Por qué morir es malo?
¿Por qué llorar la muerte?
¿Por qué mejor no celebramos,
lo que desconocemos,
en vez de temerle?
¿Por qué los ángeles son
blancos,
color que provoca inquietud,
en vez del azul,
que evoca beatitud?
¿Por qué la luz resplandece,
al final del túnel,
si cuando dormimos,
lo hacemos muy cómodos,
en la negra noche,
no siempre estrellada?
Hoy no
Débil y
profanada, así me siento mientras recorro la habitación con la mirada. Luego,
detengo la vista unos segundos en las sábanas blancas manchadas de placer
carnal y de un sudor tan sucio como la estaca de hielo que se ha clavado en mi
corazón y; que por más que deseo remover, bañada en mi sangre, persiste en
permanecer dentro de mí al igual que tu constante recuerdo.
Me revuelvo
incómoda al sentir la manija de la puerta girar, estás a punto de entrar a la
habitación. De inmediato, suena un chirrido y un golpe; proporcionados por la
puerta del baño que acaba de abrirse; casi tan fuerte como el sonido
proveniente de la calle que anuncia la libertad de alguien más. Aturdida, me
bajo de la cama en disimulo y, como cualquier curiosa sin recelo ni vergüenza,
veo por la ventana cómo aquél muchacho, tirado en la acera bajo un auto, se retuerce
en busca de una última bocanada de aire para luego dejar de existir.
Al verme
husmeando tal escena, me tocas los senos, tosco y sin pudor, invitándome a
volver a la cama.
Volteo, te
miro a los ojos y, como si fueses un extraño mendigando en la calle, canto en
tu oído: “Hoy no”.
Vivir y ser feliz
El sol se empezaba a poner, y un
pobre hombre cansado y demacrado caminaba hacia unas pequeñas cabañas que
quedaban a no menos de un kilómetro de distancia. Cada vez con más pesadez, y
sin mostrar apuro alguno u emoción que diese a entender que estaba próximo a
alcanzar su meta. Todo en él era monótono como el amplio valle de verdes pastos
y flores multicolores que iban siendo tragados por la oscuridad que parecía ser
llevada de la mano por aquél desdichado individuo.
-¿Y él? ¿quién es? – preguntó un
niño de apenas unos 10 años. Había estado jugando con aquél hombre con el que
hablaba desde hacía horas en los campos mientras corrían libremente como sus
almas y descansaban en paz mientras flotaban en la inmensidad de sus
pensamientos puros como el agua de lluvia en las mañanas primaverales.
-De eso te quería hablar… Verás
pequeño, tú eres el único que puede llegar al él, yo no puedo manifestarme tan
abiertamente. Además, al final sólo será su decisión, ni tuya ni mía. – Por un
instante, ambos sabios se miraron para luego proseguir.
-Tal vez es pedir demasiado, pero
tu sabes que acá cada quién es lo que es realmente, no lo que quiere aparentar.
– Culminó el más sabio de ambos.
-Entiendo – Contestó el niño. Luego
sonrió y prosiguió. – Ya debo regresar, me queda poco tiempo y trabajo que
hacer. Nos volveremos a ver pronto.
-Tenlo por seguro, fue un placer. –
Dijo el joven hombre, antes de mirar hacia el lugar dónde se podía apreciar al
desdichado que había desaparecido segundos atrás.
***
-¿Abuelo? – Preguntó un
adolescente de unos 16 años, que acababa de despertar de una siesta en la silla
contigua a la cama, al escuchar toser y ver abrir los ojos a su familiar.
Llevaba consigo un MP4 y una facha algo desprolija.
-Tú y yo tenemos que… hablar. –
Pronunció dificultosamente el anciano que yacía en su lecho desde hacía unos
días. Era la primera vez que su adorado nieto lo iba a visitar luego de la
recaída que había vivido una semana atrás. – Es serio, y mas vale que me
escuches atento.
El joven asintió, no le podía decir
que no a un moribundo. Luego, se empezó a acercar a la cama, cuando de pronto
apareció una desagradable enfermera mascando chicle y con una forzada sonrisa.
-Señor Mateo, traigo su medicina.
Mas vale que se la tome toda esta vez… por que si no… – Empezó a decir mientras
preparaba un baso con agua e inclinaba la cama con el control remoto de esta.
-Si si si… lo que digas Mallorie. –
Contestó a regañadientes el viejo, poniendo los ojos en blanco. Luego, arrancó
las pastillas del pequeño platito que sostenían para él y se las tragó de una
vez junto con el agua. – Puede irse enfermera, estoy ocupado hablando de cosas
muy importantes con mi nieto.
-Si, como diga. – Refunfuñó la
intrusa mientras cerraba la puerta de la habitación en la que había irrumpido
minutos antes.
-Al fin solos. – Resopló Martín,
mientras sacaba todo el arsenal de pastillas que debía haber tragado hacía
instantes de la funda de su almohada para arrojarlas al basurero más cercano.
-Hem.. ¿no se supone que debías
haber tomado esas? – Preguntó el nieto preocupado, señalando el tacho, aunque
con un tinte de orgullo por la rebeldía de su abuelo. – Olvídalo, eres genial.
¿Alguna vez de lo dije? – mencionó el menor mientras esbozaba una pequeña
sonrisa.
-No, pero nunca es tarde ¿sabes? –
respondió el abuelo. – Ahora escúchame. Necesito decirte esto cuerdo. Además,
no quería pasar las últimas horas de esta vida drogado. Y creo que sabes a lo
que me refiero… – continuó con tinte de reproche.
-¿Esta vida? – interrogó Alex con
pequeños rocíos cristalinos al final de cada uno de sus ojos café, lo que hizo
a su antecesor sentir una pequeña oleada de ternura de la cual se deshizo al
segundo.
-Vamos, no es para tanto, no es
momento de sentimentalismos. Todo se trata de vivir y ser feliz… Ahora te
explico…
Este cuento es muy extraño... sólo diré que hay que leer mucho entre líneas.
Zafora
Un hombre de unos 30 años yacía
sentado en el sillón frente al televisor de un pequeño departamento. Llevaba la
barba crecida y dispareja, lo cual denotaba que no era usual que la llevase
así, y la rascaba de cuando en cuando con la mano izquierda. En la derecha,
sostenía una cerveza a la mitad, que de a ratos hacía compañía a sus iguales,
vacías del todo, que se encontraban sobre una mesa auxiliar dónde también se
hallaba el control remoto.
Era de día, se podía advertir por
los pequeños espacios entre el marco de las ventanas y las cortinas cerradas
que dejaban entrar mínimos rayos de luz cada vez que el viento soplaba y las
levantaba. Sin embargo, la única luz constante y visible era la del televisor,
que robaba absolutamente toda la atención de aquél individuo, y lo absorbía de
la realidad hasta el punto de no notar cuando otro hombre, de aproximadamente
la misma edad, entró en el lugar, causando un escándalo cuando empujó varias
latas de conservas y más botellas de cerveza al tratar de abrir la puerta.
-¿Qué no te cansas? – mencionó el
recién llegado, asqueado por el tiradero que había, y por el polvo que si bien
no veía por la oscuridad, su nariz si percibía. – ¡Achu! – Resonó.
El afectado, sólo desvió la mirada
un segundo y tras realizar un rápido escaneo del intruso volvió su vista a la
pantalla.
-Necesitas ayuda… – continuó Diego
luego de recuperarse del estornudo. – Pero no te preocupes, soy tu amigo y no
te dejaré solo, puedes contar conmigo para lo que quieras…
-No quiero nada, ya vete, me
interrumpes – contestó ofuscado Martín, cortando a su compañero. – Ya he tenido
suficientes charlas espirituales, piscólogos y esas cosas… sólo déjame… – dijo
ya con tinte melancólico.
-No lo haré, ya es hora que hables
con alguien de tus problemas – insistió, cerrando los puños hasta el punto de
casi hacerse daño, se sentía impotente. Desde la muerte de Silvia, la novia de
su mejor amigo, hacía cuatro meses, este no había salido de ese estado. Es más,
dudaba que hubiese sobrevivido siquiera un mes sin trabajo o comida. Así que
decidió ayudarlo llevándole víveres y uno que otro psicólogo o psiquiatra para
tratar de conversar con él, pero nada parecía funcionar, él seguía prendido del
recuerdo… de lo que hubiese pasado si… del anhelo… de ese estúpido aparato.
-No – murmuró cortante Martín, sin
dirigirle la mirada, a la vez que llevaba el último sorbo, que quedaba en la
botella de cerveza, a sus labios.
-¡Maldito sea el día en que
inventaron esa estupidez! – Explotó finalmente Diego. No lo aguantaba más.
Había sido paciente esos últimos meses, pero no podía seguir así.
Impulsivo, se dirigió a la ventana
y haló las cortinas para dejar entrar luz, que no había penetrado en el
establecimiento desde hacía meses. Esta, dejó al descubierto el demacrado
departamento, completamente sucio, dónde denotaba que nadie había pasado ni una
franela por encima de una mesa. Y luego, viró su mirada hasta toparse con su
demacrado dueño, cuyo aspecto descubierto y descuidado era sólo la punta del
iceberg de su ahora descubierta y descuidada alma, que pedía a gritos ayuda.
Casi de inmediato, Martín dejó
escapar algunas lágrimas, que no había dejado salir desde el día de su fatídica
pérdida. Ese día en que dejó de ser él mismo, y empezó a vivir como un
espectador de lo que había pensado era su vida, pero no era más que su
perdición, un túnel de melancolía sin fin.
Fue entonces que Diego se acercó a
él y, tras agacharse hasta quedar sentado en el suelo, le dio el abrazo que
desde hacía tanto tiempo había necesitado, mientras miraba a los ojos a su
amigo, en la pantalla del televisor. Un Martín que no era su Martín, que estaba
feliz y vivía junto a Silvia, otra Silvia, otra vida, en otro sistema de otro
universo. Un universo paralelo, diferente a todos los otros, de todos los demás
canales de ese perturbador aparato llamado Zafora TV 2200, satélite multiuniverso
, lo último en entretenimiento.
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