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Crítica destructiva


Había una vez una niña a la cual le gustaba leer mucho. Su afición era reciente, pues su profesora de literatura le había enviado de tarea leer para que mejorase su ortografía. Por consiguiente, ella leía religiosamente todas las tardes y empezó a escribir cada vez mejor.

Un día, dicha profesora anunció que iba a haber un concurso de poemas y alentó a todos los estudiantes a entrar. Así que la niña, emocionada, fue corriendo a inscribirse pues se sentía cada vez más segura de sí misma, quería probar pasatiempos nuevos y una que otra amiga le había dicho que escribía bien. Pero el motivo más importante de todos era que su madre tenía cáncer. Quería hacerla sentir orgullosa a la par que se distraía un poco del triste clima en que vivía.

Esa noche, Ana no lloró hasta las tantas de la madrugada, se quedó escribiendo un hermoso poema de quince estrofas dedicado a la persona que más quería sobre la tierra: su mamá. Finalmente, luego de gastar medio lápiz y casi toda la goma de borrar, quedó satisfecha. La hoja que tenía ante sus ojos sería el poema que entregaría al día siguiente cuando se inscribiese en aquél famoso concurso.

Sin embargo algo la tenía inquieta. No se lo había mostrado a nadie aún y siendo casi las cuatro de la madrugada era demasiado tarde para mostrárselo a su madre. Tampoco podría enseñárselo antes de ir al colegio en la mañana porque ella debía descansar, pero de pronto se le ocurrió una idea. Subiría su poema, del cual estaba orgullosa, a facebook para saber qué era lo que otras personas opinaban, en qué podía mejorar y qué correcciones necesitaba. Por eso, convencida de que hacía lo correcto, subió el poema y se fue a dormir

Pero no estaba preparada para lo que la esperaría al día siguiente.

Creo que he dejado claro mi punto ya, queridos lectores y escritores. Uno no está al tanto de la vida de los demás como para saber por lo que están pasando o no están pasando. No todos tienen la suerte que muchos de nosotros tenemos en este preciso momento y, ciertamente, muchos de nosotros utilizamos la escritura como una terapia o un escape de la vida cotidiana. A veces muchos de nosotros escribimos acerca de lo dura que es la vida por el simple hecho de tener experiencia en ello, o simplemente porque necesitamos desahogarnos. Por eso, opino que no nos cuesta tratar a las personas con un poco de amabilidad, así el tal cuento/poema/novela tenga una calidad pésima. No importa si la tal o cual fulana que escribió esa porquería es mayor que tú, no tienes por qué quebrantar su espíritu y robarle el buen humor. No tienes porqué hacerla sufrir o quitarle la sonrisa, no lo merece, y ciertamente tú no eres nadie para hacérselo.

Sigamos con esta historia...

Muchas personas habían comentado que les encantaba su escritura, otras menos tímidas le habían corregido una u otra cosa de buena gana y; una persona en particular había dicho que su poema era una "mierda", que no le gustaba para nada, que tenía pésima ortografía al igual que pésima gramática y, que jamás leería algo escrito por alguien como ella.

Todo eso no era necesario. ¿Ven a lo que me refiero?

Humillar a las personas no nos hace mejores, nos hace mucho peores que ellos y de una forma tóxica.

Probablemente, la peor parte es que esta "PERSONA", a la cual aparentemente nadie le enseñó a ser persona, se ha tomado la molestia y el tiempo de realizar un detallado mensaje humillante.

¿Qué ha ganado? No lo sé. Hay quienes se sienten poderosos y satisfechos al realizar este tipo de persecución sin sentido a gente que ni se había molestado en notarlos existir.

Fue así que Ana borró inmediatamente todo rastro de su poema en internet. A duras penas tomó desayuno esa mañana y de camino a clases, con lágrimas en los ojos, rompió el poema físico en pequeños pedacitos para que nadie jamás pudiese leerlo nuevamente. Cuando llegó se dirigió a un tacho de basura y lo arrojó. ¿¡Cómo se le pudo haber ocurrido semejante intento literario a sabiendas que escribía mal!? ¿¡En qué estaba pensando para pretender presentar tal aberración!? ¿¡Y ahora qué excusa le daría a su pobre madre enferma y a la profesora de literatura!?

Lo peor de todo no fue el llanto, ni el castigo que le dieron por no cumplir con la asignatura a la que se había inscrito por voluntad propia, ni la enfermedad que acabó por arrebatarle a su madre meses después. Lo peor fue que ese poema era bueno, se podía pulir y estaba destinado a ganar.

Ana jamás volvió a intentar escribir, suprimió sus deseos de ser escritora y el mundo jamás la conoció.

Ese es el poder de las palabras.

No se le puede pedir a un alma que vive de las palabras, que no tome en serio palabras de otras personas hacia ella; pero no es imposible.

Ahora analicemos un final alternativo…

Muchas personas habían comentado que les encantaba su escritura, algunas otras menos tímidas le habían corregido una u otra cosa de buena gana y; una persona en particular había dicho que su poema era una "mierda", que no le gustaba para nada, que tenía pésima ortografía al igual que pésima gramática y, que jamás leería algo escrito por alguien como ella.

Ana leyó el mensaje una y otra vez esa mañana. No lograba entender cómo alguien le había podido escribir tales palabras tan duras y sin gracia. Leyó detenidamente el comentario hacia su creación de nuevo, quería estar segura que sus ojos no le hubiesen jugado un truco. Tal vez estaba cansada por dormir poco, pero ese no fue el caso porque el mensaje seguía diciendo lo que con tanta amargura había leído una y otra vez.

Sintió la urgencia de pelear con la persona que se atrevió a lastimarla en ese momento tan frágil de su vida. Quería insultarla y bloquearla y hacer miles de cosas más, pero no lo hizo. Se contuvo un momento, apagó la computadora y estalló en llanto. Lloró tanto que los ojos le quedaron rojos y fue motivo de diversas preguntas por parte de sus compañeras de estudio al llegar al colegio.

Esa tarde, después de clases, se acercó a su profesora de literatura y le enseñó su poema corregido con las múltiples sugerencias que había recibido en facebook. Pidió si por favor podía corregirle la gramática y la ortografía. Ella gustosamente aceptó.

Unas semanas después, Ana llevaba orgullosa un diploma de primer puesto en literatura a casa para enseñárselo a su madre que débil, echada en la cama, lo recibió con orgullo pues era la primera vez que veía a su hija feliz desde que contrajo la enfermedad.

Sí, la madre de Ana murió al igual que en el final original de esta historia. Y no, un comentario amable en facebook no es capaz de curar el cáncer, pero aún así tenemos mucho que aprender de la actitud de Ana para este segundo escenario.

Lo que sucede es que la mala actitud en esta historia no se da sólo por parte del atacante, sino de la víctima. A veces es duro escuchar que uno debe ser "fuerte" o "duro" con las críticas, pero lo que en realidad sucede es que uno debe aprender a tomarse las cosas como son.

Lo cierto de las críticas es que:

1) Mientras uno más veces las lea, menos ofensivas se le hacen. Algunas críticas están mal intencionadas, otras son amables, otras son constructivas y a algunas pocas les falta tacto.

2) No puedes gustarle a todo el mundo. No todas las opiniones son aptas para ser tomadas y eso es algo que tienes que entender. No puedes hacer feliz a todo el mundo, especialmente si se trata de tu estilo. Si eres escritor hay algo que debes saber y es que te pueden corregir gramática, te pueden corregir ortografía, y tal vez forma, pero tu estilo es tu estilo. No puedes escribir igual que nadie porque simple y sencillamente eres otra persona y esa es tu virtud. Tú escribes como tú y como nadie más, y si tienes éxito será por eso; porque a la gente le gusta tu forma de narrar y tus ideas.

3) No importa lo amables que sean, igual duelen. Esa persona se está metiendo con tu bebé, tu hijo, tu trabajo. Se está metiendo con tu obra que es un pedacito de tu alma.

4) Tienes que estar preparado para recibirlas. Pedirlas no es tan sencillo como pedirlas. Tienes que ser lo suficientemente maduro como para aceptarlas, debatirlas si lo crees conveniente, procesarlas, analizar la fuente y, finalmente tomar lo que te sirve y desechar el resto agradeciendo siempre por todas las molestias que se han tomado tus críticos.

5) Tienes que saber reaccionar. Recomiendo que jamás contestes con la cabeza caliente. Si te ha molestado vete a pasear un rato y cuando vuelvas responde con dignidad o simplemente no lo hagas, pero jamás te rebajes ni debatas personas en vez de argumentos. Verás como en la mayoría de los casos se trataba simplemente de buena crítica que ha dolido más de la cuenta por el sólo hecho de ser TU obra la criticada. Respira hondo y sigue con tu vida.

6) Te ayudan a crecer. No importa si te sirvieron o si eran críticas destructivas, si las hizo la ex de tu hermano por venganza o si simplemente nunca les hiciste caso; todo es un aprendizaje. Las críticas ayudan a poner los pies sobre la tierra, ayudan a que te enteres que no te leen no exactamente porque están todos locos o te falta publicidad y, sobre todo, ayudan a que mejores como persona.

Esta ha sido la entrada de hoy, espero que te haya gustado y la hayas disfrutado tanto como yo he disfrutado escribiéndola.

También espero que te lleves un aprendizaje.

Cuando critiques a alguien no seas tan duro, ponte en su lugar. A veces hace falta que se lo hagan a uno para darse cuenta lo fea que se siente la crítica en manos equivocadas.

Si eres escritor y te han criticado, la próxima vez seguirás las recomendaciones que consideres. Pero no creas que es todo, irás construyendo una muralla a tu alrededor que no permitirá que te derrumbes la próxima vez que te critiquen, porque ese derecho de piso ya lo pagaste.




1 comentario:

  1. La verdad es que es una entrada con la que podemos identificarnos y, gracias a ella, podemos saber cómo reaccionar en estas circunstancias en caso de que aún no lo hayamos vivido, o hayamos tenido anteriormente una mala reacción.

    Lo que sí es cierto es que cuanto más se lee una crítica de estas características, a veces más gracia hacen (al menos a mí). Yo las constructivas las apoyo siempre que se hagan desde el respeto y no crucen la línea que la separa de la destrucción. A esas siempre respondo agradeciendo, también. Pero en el caso de las que hablas, pues no. Y no respondo porque prefiero quedarme con la poca enseñanza que tienen antes que entrar en debates innecesarios que solo buscan provocarte la mayoría de las veces.

    Muy buena entrada, la verdad. Me ha conmovido, además, la historia de Ana.

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